Escuela Zen de la Unión Sagrada
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Modestia

El ansia sexual, la soledad, el aburrimiento y la falta de sentido nos dicen que estamos diseñados para unirnos con otra persona y hacernos uno con ella. Esta unión sagrada es la clave de nuestra existencia, y cuando lo vemos con claridad, resulta fácil entender la importancia de la modestia o recato.

Empecemos con algo sencillo. Somos seres humanos únicos e irrepetibles, y no queremos que se nos tome por simples objetos sexuales. Por eso deberíamos vestirnos y actuar de un modo que diga: «No soy un objeto, si quieres descubrir quién soy en realidad, tendrás que mirar más allá de la fachada».

Hace poco encontré en internet el anuncio de una mujer que quería «ser feliz con un chico». En su mensaje de texto decía: «Que todos sepan que no voy de sexo»; sin embargo, en su foto exhibía un escote que mostraba sus grandes pechos. Sus palabras decían: «Quiero que sepan que no voy de sexo», pero ¡su foto decía justo lo contrario! Debemos tener mucho cuidado a la hora de vestir y actuar para asegurarnos de no enviar un mensaje equivocado; nuestra satisfacción vital está en juego.

Si todavía no hemos encontrado a nuestra otra mitad, el mensaje que queremos enviar es: «Sé quién soy y lo que quiero. Soy mucho más que un cuerpo. Soy un ser humano único e irrepetible. Sé que la vida no merece la pena si no encuentro a mi otra mitad. La estoy buscando para unirme a ella, gozar de la vida y trabajar juntos para mejorar las cosas. Mi intimidad la reservo para ella. Si quieres conocerme, te invito a que lo hagas hasta cierto límite y más allá de las apariencias».

Y si ya estamos emparejados, el mensaje que queremos enviar es: «Sé quién soy y lo que quiero. Sé que la vida no merece la pena sin nuestra otra mitad. Afortundamente ya la he encontrado. No soy un objeto sexual ni estoy libre como pareja. Si buscas algo de esto, no eres bienvenido».

La inmensa mayoría de las mujeres se sienten atraídas por los hombres, y la inmensa mayoría de los hombres se sienten atraídos por las mujeres; estadísticamente hablando, la homosexualidad y la bisexualidad no son significativos.

Lo sepamos o no, todos anhelamos la unión sagrada y, por eso, un encuentro entre un hombre y una mujer es siempre una llamada a dicha unión (también lo es un encuentro entre dos personas del mismo sexo en el raro caso de que alguna de ellas se sienta atraída por la otra). Es por ello que debemos evitar los equívocos y las situaciones de riesgo, pues está en juego lo más preciado: la unión con nuestra otra mitad, la unión que hace que la vida merezca la pena.

De la misma manera que protegemos nuestra intimidad física, también deberíamos proteger nuestra intimidad emocional y mental. La unión sagrada es cosa de dos, no de tres ni de cuatro, y por eso deberíamos tener mucho ciudado a la hora de relacionarnos, especialmente con personas del sexo complementario.

La práctica de la modestia se puede resumir en tres grandes principios:

  • Actuar y vestirse de manera que no resulte sexualmente atractiva.
  • No encariñarse, quedarse a solas o tocar a personas del sexo complementario que no sean familiares directos (este principio también se aplica a aquellas personas de nuestro mismo sexo que por algún motivo se sientan atraídas por nosotros).
  • Guardar la intimidad de la pareja y no discutir sus asuntos con los demás.


Véase:

La moda y la secta esclavista

El toque mágico

Exterior/interior

¿Es que ya nadie se ruboriza?