Benito Carral
Encuesta sobre el sentido de la vida, participe.

Durante diez años he sido maestro zen.

Después de una larga búsqueda, de mucho Patos mandarines, símbolo del gozo conyugalobservar, estudiar y reflexionar, afortunadamente logré la respuesta al reto que nos plantea la existencia, una respuesta que muchas personas a lo largo de la historia han descubierto de manera intuitiva: Estamos aquí para hacernos uno con nuestra otra mitad. Y si no lo conseguimos, nos habremos perdido lo más importante.

Quiero compartir con usted aquello que necesitamos para vivir de verdad.


[ Las claves de la vida ]


Génesis (2:18):

Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.


Platón (c. 428-347), Aristófanes en El banquete:

«¿Acaso lo que anheláis es estar juntos lo más posible el uno del otro, de suerte que ni de noche ni de día os faltéis el uno al otro? Porque si es eso lo que anheláis, estoy dispuesto a fundiros y unir vuestras naturalezas en una misma, de forma que siendo dos lleguéis a ser uno solo […]» Al oír esto, sabemos que ni siquiera uno solo se negaría ni dejaría ver que desea otra cosa, sino que sencillamente creería haber escuchado lo que anhelaba desde hacía tiempo, es decir, unirse y fundirse con el amado y llegar a ser uno solo de dos que eran.


Ecclesiastes (9:9)

Goza de la vida con la mujer [o el hombre] que amas, todos los días de la vida de tu vanidad que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad; porque ésta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol.


Ikkyû Sôjun (1394-1481):

Con la intención de conocer la vía de modo claro y perfecto, hay un punto esencial que debes penetrar y no evitar: el «hilo rojo» que pende entre tus piernas y que, por mucho que lo intentes, no puedes cortar. Pocos son los que afrontan el problema, pues es una tarea nada fácil. Pero tú debes abordarlo directamente, sin titubeos, o retirarte definitivamente, ya que, ¿de qué otro modo podría surgir la liberación?

Los hombres encarnan la estupidez de caballos y vacas.
La poesía y la literatura son la obra del infierno.
Solo genera petulancia, fatuidad y un montón de apegos.
Deberíamos cuidarnos de aquellos que siguen este camino demoniaco.

A los ochenta años, he aquí a un canoso monje
todavía cantando cada noche al cielo azul y las nubes blancas.
Ardoroso pato mandarín, me siento en profunda deuda con ella.
Tras la música, le formulo el voto de amarla a través de los tres mundo.


Ihara Saikaku (1642-1693), Vida de una amiga de la voluptuosidad:

Cierta vez, había yo ido a ver el fondo de la montaña de Yoshino: ya ni siquiera había flores y no se distinguía ningún rastro de seres humanos sensibles a la compasión, salvo los peregrinos que se dirigían a la cumbre de la montaña por el itinerario directo. Lejos, bordeando un precipicio, se veía una cabaña cuyo saledizo se inclinaba de un solo lado. De día, soplaba el huracán en las criptomerías y, por la noche, no había más placer que la contemplación de la leña de pino. Dije a su morador: «El mundo es vasto, ¿cómo podéis vivir en semejante lugar cuando podríais permanecer en la capital?». El campesino me dijo, riéndose, que gracias a su mujer podía olvidar la tristeza de la soledad. Así debía ser: los vínculos conyugales no se pueden cortar. Para una mujer [o un hombre], vivir sola [o solo] no tiene atractivo alguno.


Kobayashi Issa (1763-1827):

Florece el ciruelo
y canta el ruiseñor,
pero estoy solo.

La luna, las flores.
Cuarenta y nueve años
perdidos vagando.


Sándor Márai (1900-1989):

Ha sido un ser maravilloso, la mujer completa, el compendio de todo lo humano, de las virtudes femeninas, el sentido de mi vida, y sigue siéndolo. Si se va, ya nada tendrá sentido.

[D]urante sesenta y dos años todo se lo he leído primero a ella, todos los escritos. Ya no tengo a quién hacerlo. La expresión escrita ha perdido todo atractivo para mí. Si ella se va, debo seguirla sin algaradas, sin hacer ruido.

Durante seis décadas hemos estado siempre juntos, despiertos y dormidos, físicamente y de otras maneras, en todo tipo de circunstancias, y en cada ocasión nos hemos apoyado mutumente mientras pasábamos por situaciones miserables o prodigiosas: siempre juntos. Ahora me encuentro solo, en un vacío similar al que rodea al astronauta en el espacio, donde ya no actúa la gravedad que lo mantenía sujeto a la Tierra.

Hace año y medio que no escribo nada. Me siento como quien ha pasado por una cura de desintoxicación; me da asco pensar en la «escritura», cháchara presuntuosa, demente.


Derecho a vivir